El lado peligroso del feminismo

 

El ocho de marzo que viene está convocada una gran marcha-huelga feminista a nivel internacional. Nuevamente las mujeres se tomarán las calles para hacer que tomemos consciencia de sus problemas en esta sociedad a la que llaman patriarcal. Nadie en su sano juicio puede decir que las mujeres no tienen problemas propios de su sexo –o género, como se dice hoy en día –, sin embargo, culpar de tales problemas a todos los hombres es cuando menos un exceso.

Según su definición de patriarcado, todos los hombres formaríamos parte de una casta privilegiada, especialmente si además somos blancos y heterosexuales. Lo mismo da que haya hombres haciendo trabajos peligrosos en los que muchas veces arriesgan su vida precisamente en el rescate de mujeres. El hombre abusa por el solo hecho de tener pene, y muchas teóricas feministas prácticamente equiparan la penetración con la violación, como Catharine McKinnon, quien define violación como cualquier penetración no placentera para una mujer.


Sé que describo principalmente las creencias de las feministas radicales y que hay distintos tipos de feminismos en el movimiento, sin embargo, en la calle marchan todas juntas y sus “aliades” de géneros diversos

A esto debemos agregar que los hombres, según la doctrina del feminismo interseccional, somos colectivamente responsables por las más terribles vejaciones que sufra una mujer. Aquello se debe a que la cultura hetero patriarcal es una cultura que favorece la violación, según esta ideología. De nada sirve que la violación sea un crimen en todas las civilizaciones occidentales y uno de los que está penado con las condenas más severas. Esto no es suficiente porque el principio de presunción de inocencia es otro privilegio machista. Según la doctrina de las feministas radicales, expresada en la cultura popular por el movimiento #MeToo, cualquier mujer que declare ser víctima de algún abuso es creíble y el hecho de que se busquen pruebas es una forma de re-victimizarla. Con todo, cuando se acusó a Asia Argento, una de las líderes del #MeToo, de haber tenido relaciones con un menor de edad, las feministas clamaron por un debido proceso que finalmente terminó por convertir en paria a la propia Argento. Cabe destacar que, aparte de Harvey Weinstein, el #MeToo no fue capaz de hacer ninguna otra acusación de abuso contra las mujeres, ya que Kevin Spacey acosaba a varones y el proceso contra Bill Cosby era mucho más antiguo.

En Chile tenemos el caso de Enrique Orellana. Ejecutivo del Banco Central que fue acusado falsamente de violar a sus hijas como caso de alto perfil, sin embargo, los casos son muchos más. Sé de primera fuente que un tribunal de familia no es un lugar amigable para los hombres, porque yo mismo fui acusado en falso de violencia de género. Se me ofreció, como a muchos, la suspensión condicional, esto es que mis antecedentes se borraran en caso de que asumiera la responsabilidad de algo que no hice. Esto es lo que hace la mayoría, porque llegar a una Corte de Apelaciones es complejo y caro, pero yo no lo acepté y finalmente, en la Ilustrísima Corte de Apelaciones de Santiago, fui encontrado libre de polvo y pajaCon todo, todavía hay personas que me consideran un hombre violento por aquello de creerle siempre a las víctimas.

Los patriarcas heterosexuales, que casi siempre luchamos por llegar a fin de mes, nos arriesgamos a ser acusados de abuso por cualquier cosa. Primero fue en Wall Street y luego en el Foro de Davos en donde se hizo notar que los hombres ya no quieren trabajar a solas con mujeres por miedo hacer acusados de cualquier cosa. El micromachismo es una inocente expresión verbal que, sin embargo, ofende. La única jueza y parte de un micromachismo es la mujer que lo escucha, no podemos adivinar lo que es a priori.

Sé que describo principalmente las creencias de las feministas radicales y que hay distintos tipos de feminismos en el movimiento, sin embargo, en la calle marchan todas juntas y sus “aliades” de géneros diversos. No me corresponde a mí, sino al propio movimiento feminista diferenciar sus distintas corrientes. Una dirigenta de la Universidad de Chile dijo que las feministas radicales tenían todo el derecho de expresar su rabia y que no las cuestionaban. Por mi parte me hago responsable de mis actos, pero no asumo ni la responsabilidad de los vejámenes sufridos por las mujeres en épocas anteriores, así como tampoco puedo reclamar crédito por una sociedad que liberó a las mujeres de la maternidad forzada y de los arduos trabajos físicos en los que las mujeres no podían competir con el hombre: Una sociedad construida por hombres. Por eso, compañeras, este ocho de marzo no marcho con ustedes.

Publicado originalmente en  El Quinto Poder 

 

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