La sociedad va a reaccionar porque esto es insostenible y termina perjudicando a las propias mujeres, sin embargo, los individuos que vivimos aquí y ahora, que somos responsables de ganarnos el pan y de mantener familias no tenemos ese tiempo.

El joven Ignacio Palma no fue presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica. Una denuncia anónima por abuso sexual, en octubre del año pasado le llevó a perder la elección, aparte de casi quedar marcado para el resto de sus días, sin embargo, los hechos dieron un vuelco inesperado: Johnny Olate, un ex gremialista, es decir, de la misma colectividad del autor, era el autor de la denuncia falsa. La “estupidez e irracionalidad” asumidas por el mismo Olate no merecen mayores comentarios que los que él mismo hizo frente a la prensa. Tendrá que enfrentarse a los tribunales, a los abogados a la PDI, etcétera. Es una responsabilidad individual y tenemos un sistema para eso.

Lo problemático es la actitud de la comunidad universitaria y la del público en general: las funas o linchamientos sociales no se hicieron esperar, la mujer ficticia que denunció todo por redes sociales tuvo el apoyo de todas las mujeres y de muchos hombres de la universidad. El joven Palma no podía asistir a clases porque casi todos le creían a una víctima inexistente. A las mujeres hay que creerles, aunque sea una mentira, aunque sean, como en este caso, de mentira.

“Las asambleas cara a cara han sido reemplazadas por asambleas virtuales, un enjambre de anónimos que no dan la cara. Una nueva forma de abuso empieza a aparecer: el “abuso del abuso”, las denuncias al voleo convertidas en arma política. Y si alguien se atreve a insinuar una mínima crítica a esas prácticas, corre también el riesgo de ser “funado””. Escribió Cristian Warnken en “El Mercurio”.

El joven fue reivindicado, sin embargo, las excusas de las personas que participaron de la funa dejan ver una peligrosa tendencia “Con tibias disculpas se manifestó una de las candidatas de izquierda que compitió contra Palma, señalando que prefería pedir perdón por culpar a un inocente que no confiar a priori en la denuncia de una compañera”, comenta Javiera Rodríguez Pascual, periodista y ex consejera de la Federación de Estudiantes en “El Mostrador”. En el mismo artículo, reprocha a las feministas radicales el culpar de todo al patriarcado. El Mostrador, por su parte termina diciendo que “el contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador”, cosa que rara vez se ve al pie de otras columnas del mismo medio. Otra columna que ataca duramente a la Iglesia Católica, por ejemplo, no termina con tan curioso epílogo.

El joven Palma tuvo la suerte de poder demostrar su inocencia. Yo también tuve esa suerte porque no había borrado unos mensajes de WhatsApp que solía borrar periódicamente para tener más espacio en mi teléfono. Mi pequeña negligencia fue mi salvación. Pero no todos tienen esa suerte. En el tribunal de la opinión pública, los hombres somos culpables hasta que se demuestre lo contrario, o incluso si se demuestra lo contrario, como el diputado Silber, quien pese a haber demostrado la falsedad de las acusaciones en su contra, debió abandonar su camino a la presidencia de la cámara.

Supongo que, en algún momento, la sociedad toda hará algo. Pero mientras no podemos esperar. Muchos hombres hemos adoptado la política de Mike Pence, el vicepresidente de los Estados Unidos, quien nunca está solo con una mujer que no sea su esposa. El lo hace por razones religiosas, nosotros por motivos de seguridad. “Un impresionante sesenta por ciento de los gerentes varones”, escribe Emily Peck en el Huffington Post, “dijeron que se sentían incómodos como mentores, trabajando a solas o socializando con las mujeres en el trabajo, según una encuesta publicada el viernes por la mañana por LeanIn.org, el grupo de defensa de las mujeres fundado por la ejecutiva de Facebook Sheryl Sandberg”. Esto, afirma ella, reduce las oportunidades de ascenso de las mujeres en el mundo corporativo. Reunirse con mujeres es como jugar una lotería en la que en vez de premio hay una sentencia de muerte social. No todas ni la mayoría de las mujeres harán una denuncia falsa, pero basta una sola para que todas las demás lo crean.

El movimiento #MeeToo ha denunciado a muchos hombres que han perdido su trabajo, sin embargo, sólo han podido comprobarse tres casos concretos, Harvey Weinstein, Kevin Sapcey y Bill Cosby, quien era perseguido desde mucho antes. La sociedad va a reaccionar porque esto es insostenible y termina perjudicando a las propias mujeres, sin embargo, los individuos que vivimos aquí y ahora, que somos responsables de ganarnos el pan y de mantener familias no tenemos ese tiempo. Nos cuidaremos a nosotros mismos en el intertanto y tal vez sigamos haciéndolo por algún tiempo después, por las dudas, además de enseñarles a nuestros hijos varones a hacer lo mismo.

Originalmente en El Quinto Poder

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