October 25, 2021

El canal de Arturo Ruiz

Cómo avanzamos al totalitarismo en Chile y el mundo; el caso Boghossian y !felices fiestas patrias!

Transcripción del video

Primero que todo, quiero saludar y celebrar junto con todos mis compatriotas las fiestas patrias de Chile, es decir, el aniversario de la Primera Junta de Gobierno y el día de las Glorias del Ejército. La patria es uno de los valores que queremos recuperar. Por ello es que debemos celebrarla.

La Universidad solía ser una meta importante en mi infancia y adolescencia y yo tuve la suerte de graduarme y posgraduarme en dos de ellas y en dos países. Algo que agradezco a los dioses y al destino. Sin embargo, con mi hijo hemos decidido que la mejor opción para él es un instituto politécnico.

[Intro]

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En 2017 Peter Boghossian y James Lindsay publicaron un paper con pseudónimo en la revista Cogent Social Sciences en el que afirmaban que el pene era un constructo social y la fuerza fundamental del cambio climático. El paper fue publicado, pero se dijo que la revista en cuestión publicaba cualquier cosa en la medida que los académicos pagaran. Para disipar esta objeción, los profesores se unieron a Helen Pluckrose y enviaron 20 papers a revistas más “prestigiosas”, de los cuales fueron publicados varios antes de que ellos destaparan el engaño. Esto lo cubrimos en nuestro video de 2019 “¡Tu carácter según tu signo y la masturbación es violencia contra la mujer?” Algunos de los papers publicados decían, por ejemplo, que los perros machos violaban a las perras hembras en los parques, que la astronomía se beneficiaría incluyendo nociones astrológicas y danza feminista y el más polémico de todos: un capítulo de Mi lucha en el que se cambiaba la palabra judíos por “patriarcado”, además de otras alteraciones menores para hacer calzar el discurso. De estos profesores, Boghossian sufrió una serie de represalias en la universidad por lo que, finalmente, debió renunciar a principios de este mes. El profesor de filosofía detalla parte de estas represalias en su carta de renuncia, que pasamos a leer a continuación.

Estimada rectora Susan Jeffords,

Le escribo hoy para notificar mi renuncia como profesor asistente de filosofía en la Universidad Estatal de Portland. [Un profesor asistente es un profesor que se encuentra a dos grados jerárquicos de ser profesor titular, que es el máximo rango al que un profesor universitario puede aspirar].

Durante la última década, ha sido un privilegio para mí enseñar en la universidad. Mis especialidades son el pensamiento crítico, la ética y el método socrático, e imparto clases como Ciencia y Pseudociencia y Filosofía de la Educación. Pero además de explorar filósofos clásicos y textos tradicionales, he traído a una amplia gama de profesores invitados a dirigir mis clases, desde terraplanistas hasta apologistas cristianos, escépticos del clima global y defensores de Occupy Wall Street. Estoy orgulloso de mi trabajo.

Invité a esos oradores no porque estuviera de acuerdo con sus visiones del mundo, sino principalmente porque no lo estaba. A partir de esas conversaciones desordenadas y difíciles, he visto lo mejor de lo que nuestros estudiantes pueden lograr: cuestionar las creencias mientras respetan a los creyentes; mantenerse ecuánime en circunstancias difíciles e incluso cambiar de opinión.

Nunca creí, ni lo creo ahora, que el propósito de la instrucción era llevar a mis estudiantes a una conclusión particular. Más bien, busqué crear las condiciones para un pensamiento riguroso; para ayudarlos a obtener las herramientas para cazar y construir sus propias conclusiones. Es por eso por lo que me convertí en maestro y por eso me encanta enseñar.

Pero ladrillo por ladrillo, la universidad ha hecho imposible este tipo de exploración intelectual. Ha transformado un bastión de la libre investigación en una fábrica de Justicia Social cuyos únicos insumos fueron la raza, el género y el victimismo y cuyos únicos resultados fueron el agravio y la división.

A los estudiantes de Portland State no se les enseña a pensar. Más bien, están siendo entrenados para imitar la certeza moral de los ideólogos. La facultad y los administradores han abdicado de la misión de búsqueda de la verdad de la universidad y, en cambio, impulsan la intolerancia a las creencias y opiniones divergentes. Esto ha creado una cultura de ofensa donde los estudiantes ahora tienen miedo de hablar abierta y honestamente.

Noté signos del antiliberalismo que ahora se ha tragado completamente la academia bastante temprano durante mi tiempo en Portland State. Fui testigo de estudiantes que se negaban a comprometerse con diferentes puntos de vista.  Las preguntas de los profesores en las capacitaciones de diversidad que desafiaban las narrativas aprobadas fueron descartadas instantáneamente. Quienes pidieron pruebas para justificar las nuevas políticas institucionales fueron acusados de microagresiones y los profesores fueron acusados de intolerancia por asignar textos canónicos escritos por filósofos que resultaron haber sido europeos y hombres. 

Al principio, no me di cuenta de lo sistémico que era esto y creí que podía cuestionar esta nueva cultura. Así que comencé a hacer preguntas. ¿Cuál es la evidencia que los trigger warnings y los espacios seguros contribuyen al aprendizaje de los estudiantes? ¿Por qué la conciencia racial debería ser la lente a través de la cual vemos nuestro papel como educadores? ¿Cómo decidimos que la “apropiación cultural” es inmoral?

A diferencia de mis colegas, hice estas preguntas en voz alta y en público.

Decidí estudiar los nuevos valores que estaban envolviendo a la Portland State University y a tantas otras instituciones educativas, valores que suenan maravillosos, como la diversidad, la equidad y la inclusión, pero que en realidad eran todo lo contrario. Cuanto más leía el material de la fuente primaria producido por los teóricos críticos, más sospechaba que sus conclusiones reflejaban los postulados de una ideología, no ideas basadas en la evidencia.

Comencé a establecer contactos con grupos de estudiantes que tenían preocupaciones similares y traje oradores para explorar estos temas desde una perspectiva crítica. Se me hizo cada vez más claro que los incidentes de antiliberalismo que había presenciado a lo largo de los años no eran solo eventos aislados, sino parte de un problema de toda la institución.

Cuanto más hablaba sobre estos temas, más represalias enfrentaba.

A principios del año académico 2016-17, un exestudiante se quejó de mí y la universidad inició una investigación del Título IX.  (Las investigaciones del Título IX son parte de la ley federal diseñada para proteger a “las personas de la discriminación basada en el sexo en programas o actividades educativas que reciben asistencia financiera federal”). Mi acusador, un hombre blanco, hizo una serie de acusaciones infundadas contra mí, que las reglas de confidencialidad de la universidad desafortunadamente me prohíben discutir más. Lo que puedo compartir es que los estudiantes míos que fueron entrevistados durante el proceso me dijeron que el investigador del Título IX les preguntó si sabían algo sobre mí golpeando a mi esposa e hijos. Esta horrible acusación pronto se convirtió en un rumor generalizado.

Con las investigaciones del Título IX no hay un debido proceso, por lo que no tuve acceso a las acusaciones particulares ni la capacidad de confrontar a mi acusador ni tampoco tuve la oportunidad de defenderme. Finalmente, los resultados de la investigación fueron revelados en diciembre de 2017. Aquí están las dos últimas oraciones del informe: “Global Diversity & Inclusion (GDI) encuentra que no hay evidencia suficiente de que Boghossian violó la política de Discriminación y Acoso Prohibido de la universidad. GDI recomienda que Boghossian reciba entrenamiento”.

No solo no hubo disculpas por las falsas acusaciones, sino que el investigador también me dijo que en el futuro no se me permitía emitir mi opinión sobre las “clases protegidas” [personas de color, diversidad sexual, mujeres y puede que se me escape alguna, ya que cada día inventan más] o enseñar de tal manera que mi opinión sobre estas clases protegidas pudiera conocerse, una conclusión extraña a los cargos y absurda. Las universidades pueden imponer la obediencia ideológica solo a través de la amenaza de estas investigaciones.

Eventualmente me convencí de que los cuerpos corruptos de erudición eran responsables de justificar desviaciones radicales del papel tradicional de las escuelas de artes liberales y la civilidad básica en el campus. Hay una necesidad urgente de demostrar que los documentos moralmente de moda, sin importar cuán absurdos sean, pueden publicarse [en revistas especializadas]. Creí entonces que, si exponía los defectos teóricos de este cuerpo de literatura, podría ayudar a la comunidad universitaria a evitar la construcción de edificios en un terreno tan inestable.

Entonces, en 2017, co-publiqué un artículo revisado por pares intencionalmente confuso que apuntaba a la nueva ortodoxia (La revisión de pares consiste en un proceso mediante el cual las revistas científicas envían los papers a dos o más expertos para su revisión antes de aceptarlos para su publicación. Este es un procedimiento estándar en todas las revistas científicas y universitarias serias). Su título: “El pene conceptual como construcción social”. Este ejemplo de pseudo erudición, que fue publicado en Cogent Social Sciences, argumentó que los penes eran productos de la mente humana y responsables del cambio climático. Inmediatamente después, revelé el artículo como un engaño diseñado para arrojar luz sobre los defectos de los sistemas de revisión por pares y publicación académica.

Poco después, las esvásticas en el baño con mi nombre debajo de ellas comenzaron a aparecer en dos baños cerca del departamento de filosofía. También aparecieron ocasionalmente en la puerta de mi oficina, en un caso acompañados de bolsas de heces. Nuestra universidad permaneció en silencio. Cuando actuó, fue contra mí, no contra los perpetradores.

Seguí creyendo, tal vez ingenuamente, que, si exponía el pensamiento defectuoso en el que se basaban los nuevos valores de Portland State, podría sacudir a la universidad de su locura. En 2018 co-publiqué una serie de artículos absurdos o moralmente repugnantes revisados por pares en revistas que se centraron en temas de raza y género. En uno de ellos argumentamos que había una epidemia de violación de perros en los parques para perros y propusimos que atáramos a los hombres de la manera en que atamos a los perros. Nuestro propósito era mostrar que ciertos tipos de “erudición” no se basan en encontrar la verdad, sino en promover las quejas sociales. Esta cosmovisión ni es científica ni es rigurosa.

Los administradores y la facultad estaban tan enojados por los documentos que publicaron un artículo anónimo en el periódico estudiantil y Portland State presentó cargos formales contra mí. ¿Su acusación? “Mala conducta de investigación” basada en la absurda premisa de que los editores de revistas que aceptaron nuestros artículos intencionalmente trastornados eran “sujetos humanos”. Fui declarado culpable de no recibir la aprobación para experimentar en sujetos humanos [hay que decir aquí que esta acusación es simplemente repugnante, no se le pedía más a los editores y revisores que hicieran su trabajo].

Mientras tanto, la intolerancia ideológica continuó creciendo en la Portland State University. En marzo de 2018, un profesor titular interrumpió una discusión pública que estaba manteniendo con la autora Christina Hoff Sommers y los biólogos evolutivos Bret Weinstein y Heather Heying. En junio de 2018, alguien activó la alarma de incendio durante mi conversación con el popular crítico cultural Carl Benjamin (también conocido como Sargon of Akkad, quien tiene varios canales en YouTube). En octubre de 2018, un activista sacó los cables de los altavoces para interrumpir un panel con el ex ingeniero de Google James Damore [Este ingeniero escribió un memorándum criticando las políticas de diversidad e inclusión en Google, lo que le costó su trabajo]. La universidad no hizo nada para detener o sancionar este comportamiento. Nadie fue castigado ni disciplinado.

Los años que siguieron estuvieron marcados por el acoso continuo. Encontraría volantes alrededor del campus de mí con una nariz de Pinocho. Fui escupido y amenazado por los transeúntes mientras caminaba hacia la clase. Los estudiantes me informaron que mis colegas les estaban diciendo que evitaran mis clases. Y, por supuesto, fui sometido a más investigación.

Me gustaría poder decir que lo que estoy describiendo no ha tenido un costo personal. Pero ha tenido exactamente el costo que se pretendía: una vida laboral cada vez más intolerable y sin la protección de la titularidad [un profesor titular de una universidad no puede ser despedido, a no ser que incurra en cosas como delitos graves]. Sin embargo, esto no se trata de mí. Se trata del tipo de instituciones que queremos y los valores que elegimos. Toda idea que ha hecho avanzar la libertad humana ha sido siempre y sin falta condenada inicialmente. Como individuos, a menudo parecemos incapaces de recordar esta lección, pero para eso están exactamente nuestras instituciones: para recordarnos que la libertad de cuestionar es nuestro derecho fundamental. Las instituciones educativas deben recordarnos que ese derecho es también nuestro deber. 

La Portland State University ha fallado en el cumplimiento de este deber. Al hacerlo, ha fallado no solo a sus estudiantes, sino al público que la apoya. Si bien estoy agradecido por la oportunidad de haber enseñado en Portland State durante más de una década, me ha quedado claro que esta institución no es un lugar para personas que tienen la intención de pensar libremente y explorar ideas.

Este no es el resultado que quería. Pero me siento moralmente obligado a tomar esta decisión. Durante diez años, he enseñado a mis alumnos la importancia de vivir según sus principios. Uno de las míos es defender nuestro sistema de educación liberal de aquellos que buscan destruirlo. ¿Quién sería yo si no lo hiciera?

 

Sinceramente

Peter Boghossian

 

Muchos dirán que esto ocurre en las universidades norteamericanas y Europeas, pero también ocurre en nuestras casas de Estudio. Un país como Chile no constituye una cultura aislada y, considerando el actual estado de las comunicaciones, podemos decir que, en este sentido, las naciones islas ya no existen, incluso si están rodeadas de agua.

Movimientos sociales como el indigenismo, la supuesta inclusión de la supuesta diversidad, el feminismo y todas las porquerías ideológicas de moda han estado en Chile desde hace mucho tiempo. Recuerdo que, en los noventa, cuando estábamos en el pregrado, mis compañeros y yo nos sentábamos a reírnos de todas estas estupideces, que entonces existían de manera embrionaria en el Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile, al alero de lo que entonces era el Programa de Estudios de Género, actual Departamento de Estudios de Género. Su ascenso a departamento implica que ya no sólo imparte cursos y diplomados, sino que puede entregar licenciaturas, que espero que se revelen como inútiles.

El movimiento feminista del 8M nació en la Pontificia Universidad Católica de Chile, una universidad supuestamente conservadora y supuestamente supervisada por la Santa Sede. Esta inmundicia, estupidez y deshonestidad que hoy vemos instalada en la Convención Constituyente tiene su origen también en esta desviación universitaria, que se ha dado con más fuerza en los campos de las humanidades y las pedagogías, lo que explica que haya entrado tan fuertemente en escuelas, colegios y liceos.

En su libro The parasitic mind, el profesor Gad Saad, quien además tiene un excelente canal de YouTube que aconsejo visitar a quienes hablen inglés, ha calificado a todas estas ideas como parásitos destructivos de la mente y ha acuñado la sigla DIE que quiere decir “diversity, inclussion and equity” es decir diversidad, inclusión e igualdad. La sigla en inglés suena “die” que quiere decir “morir”, ya que estas aparentemente justas ideas pueden terminar matando a occidente. Esta falsa diversidad no significa la inclusión de diversos puntos de vista, sino que de categorías de género, raza y otras cualidades inmutables e irrelevantes de las personas, al menos a la hora de decidir sus méritos, la inclusión implica también excluir a quienes no están de acuerdo con el dogma e incluso a aquellos cuyas cualidades inmutables no sean aquellas de los seres de luz, por este motivo los hombres, blancos, heterosexuales y de origen europeo deben ceder sus puestos y “privilegios” entre comillas a personas LGBT, personas de color y mujeres, como vimos también en la formación de la Convención Constituyente. Esto está pasando también aquí.

Lo he comentado en otros lugares, pero es buen momento para recordarlo. Yo no fui aceptado en el programa de doctorado de la Universidad de Chile, a pesar de tener una maestría con máxima distinción de la misma universidad y otra en una universidad norteamericana. Esto ocurrió con posterioridad a mis videos contra el feminismo en este mismo canal y sólo puede significar dos cosas: o que la maestría o magíster de la Universidad de Chile no vale nada o que me he vuelto un indeseable. Tal vez también pueda significar las dos cosas.