September 20, 2021

El canal de Arturo Ruiz

(Casi) Por qué los únicos fascistas… son los comunistas

 

Transcripción del video

Los extremos se tocan, dicen la sabiduría popular y la prensa oficial de la mayoría de los países de occidente. Como hemos podido confirmar en la constituyente, estas prensa y sabiduría suelen promocionar y elegir con sumo acierto. En este sentido, se ha dicho muchas veces que el comunismo y el fascismo, en especial la variante alemana dirigida por un pintor austríaco fracasado, se parecen mucho, pero, si se parecen tanto, ¿reamente están en extremos opuestos?

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Fascismo y comunismo han sido sindicados como extrema derecha y extrema izquierda respectivamente. Para entender si esto es correcto, debemos examinar primero qué significa ser de derecha y qué ser de izquierda.

La nomenclatura surgió del 28 de agosto de 1789, cuando en la asamblea constituyente francesa, también conocida como la asamblea del juego de la pelota, por la cancha de tenis en que se reunieron, los grupos más moderados se sentaron a la derecha del presidente y los más radicales a la izquierda.

De ahí en adelante, se entendió como izquierdas a aquellas posturas y luego ideologías que eran más proclives al cambio y derecha a aquellas que querían conservar las estructuras existentes en alguna medida. Es por eso que las izquierdas fueron llamadas progresismos, ya que veían siempre un futuro mejor, y las derechas integrismos, ya que querían conservar la integridad de las instituciones existentes o recuperar instituciones antiguas. Esta distinción, si bien todavía se aplica en cierta medida, presenta problemas, ya que, por ejemplo, un cubano partidario de las actuales instituciones revolucionarias de ese país sería “de derecha” y un partidario del llamado capitalismo sería de izquierda.

Una definición más operacional en relación con los contenidos de izquierdas y derechas se funda más bien en el rol que el Estado debe tener en la sociedad. En este sentido, son de izquierda aquellas posturas o ideologías que aspiran a un mayor rol del Estado en la economía y la sociedad y de derecha aquellas que quieren minimizar todo lo posible el rol del mismo. En este sentido, la extrema derecha sería el anarcocapitalismo. La idea de minimizar el rol del Estado tiene por objeto potenciar al máximo las libertades individuales tanto económicas como políticas y, dado este fin último de la miniaturización del Estado, la extrema derecha estaría representada por alguien como Ayn Rand.

Con estas definiciones debemos explorar si el fascismo, incluida su variante alemana creada por el pintor austríaco fracasado,  es de extrema derecha o de extrema izquierda. Antes de continuar, debemos recordar que la variante alemana del fascismo italiano se diferencia principalmente por el tema de la raza y el antisemitismo; si quitamos estos dos elementos, ambos fascismos son idénticos, precisamente porque el pintor austríaco fracasado imitó a Benito Mussolini en casi todo lo demás.

La máxima del Duce era “todo dentro del Estado, nada fuera del Estado” y es por eso que este tipo de régimen se considera totalitario, ya que el Estado abarca todas las dimensiones de la vida. Esto, según dice Hannah Arendt en su obra Los orígenes del totalitarismo “se orienta a la abolición de la libertad, incluso a la eliminación de la espontaneidad humana en general” (1998), es decir, de la libertad de asociación, expresión, etcétera. Si entendemos a la derecha en su forma liberal, esto no parece demasiado afín a ella, además, si seguimos la distinción de 1789, la que todavía es medianamente funcional, tampoco, ya que como afirma Sir Roger Scruton (N.D.) “el comunismo, el fascismo y el yazismo [cuando digo yazismo, me refiero a la ideología del pintor austríaco fracasado, por un problema de reglas de la comunidad] se basaron todos en sistemas idealizados, en lo que el mundo debería ser idealmente y no en cómo es; y por lo tanto [se sentían con el] derecho a cambiarlo radicalmente y tomar control de él para hacerlo” lo cual también lleva tanto al fascismo como a su versión alemana a identificarse más con la izquierda que con la derecha.

Para continuar con nuestra comparación, debemos poner al comunismo al lado del fascismo. El comunismo postula una sociedad sin clases ni Estado y la propiedad colectiva de los medios de producción. Sin embargo, este ideal jamás ocurrió y lo que hubo en cambio fue lo que se llamó socialismo real, es decir, la propiedad estatal de los medios de producción. Esta cuestión de la propiedad era, hasta no hace mucho, la única gran diferencia observable entre fascismo y comunismo. El paso para llegar a la sociedad comunista era la dictadura del proletariado, la que en la práctica significó un Estado totalitario no manejado por aquel proletariado, sino por una clase burocrática privilegiada que pasó a llamarse ‘Nomenklatura’ en la Rusia Soviética.

¿Cómo fue entonces que el fascismo fue conocido como extrema derecha? El socialismo y el comunismo fueron rivales de los diferentes fascismos incluso del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, conocido como Yazi en la Alemania del siglo XX. Una vez en el poder, tanto Mussolini como el pintor austríaco persiguieron a socialistas y comunistas por considerarlos disidentes. Ernst Röhm, líder de las tropas de asalto, tenía la idea de una revolución muy similar a la rusa de octubre para tomarse el poder por la fuerza. Esto le costó la vida en la célebre noche de los cuchillos largos (César Vidal, ND). Socialistas, marxistas y sus intelectuales asociados debieron huir de Alemania e Italia y refugiarse muchos de ellos en los Estados Unidos, como los pensadores de la Escuela de Fráncfort. Estos filósofos no concebían haber sido derrotados por una izquierda rival, por lo que la calificaron de extrema derecha. A esto, se suma que durante la Segunda Guerra Mundial los Estados Capitalistas de occidente estaban aliados con la Unión Soviética, por lo que era necesario diferenciar los regímenes fascistas del socialismo ruso. Por tanto, debemos decir que calificar el fascismo como “extrema derecha” obedece más que nada a necesidades e intereses políticos en vez de a un verdadero rigor conceptual.

El filósofo Peter Sloterdjik declaró que “…el fascismo de izquierda nunca fue revelado como lo que en verdad es. El antifascismo, como ideología dominante, se debe a que el fascismo de izquierda nunca hizo sus duelos. Sus representantes nunca confesaron lo que en verdad son. Acusando de fascistas a los fascistas [supuestamente] de derecha ocultaron su propia calidad de fascistas, incluido el maoísmo, que fue el peor de los fascismos. Al lado de Mao, Hister parece un loco y un neurasténico, un pobre personaje comparado con la envergadura fascista de Mao Tsé-tung” (2006). En efecto, otra característica que el fascismo comparte con los socialismos reales es la deificación de sus líderes, cosa que algunos comunistas expresan como autocrítica llamándolo “culto de la personalidad”. Una supuesta “excepción” que curiosamente se ha dado en todos los regímenes socialistas en Europa, Asia y Latinoamérica. El resto de los subordinados a estos regímenes existen solo como partes de colectivos como la raza, el pueblo, la clase obrera y más recientemente como mujeres, personas de color y miembros del colectivo LGBT+. Los únicos que pueden tener alguna individualidad son los premieres o los duces. Es curioso como en el caso de Black Lives Matter y los movimiento indigenistas chilenos, la raza, algo muy de pintor austríaco fracasado, ha vuelto a tomar protagonismo. Con la diferencia de que, en vez de considerarse razas superiores, derivan sus derechos de su condición de razas oprimidas. Se ha hablado también de Estado plurinacional, lo que no es otra cosa que hablar de Etnoestados. Sería mucho alargarse, pero no es difícil averiguar qué pasó con Estados plurinacionales como el Imperio Austrohúngaro y la ex Yugoslavia.  

En el esquema estratégico de Guattari, que es la revolución molecular, se intenta eliminar la figura del líder para hacer parecer los levantamientos como espontáneos, populares y autoconvocados, es decir, como estallidos sociales, pero esto simplemente no es cierto, ya que los levantamientos son provocados por líderes y adoctrinadores que permanecen en las sombras. Sin embargo, esta estrategia tiene el gran problema de dividir a la sociedad en colectivos antagónicos: hombres contra mujeres, niños contra adultos, heterosexuales contra lo que llaman disidencias sexuales, etcétera. Esto hace extraordinariamente difícil ordenar el proceso revolucionario después de los levantamientos iniciales, como podemos ver en Chile, ya que la propia base revolucionaria se encuentra dividida y “molecularizada”. Pero estas son cuestiones de estrategia y no hacen mayor diferencia en la meta, que es un gobierno totalitario.

Como decíamos anteriormente, la gran diferencia entre los socialismos y los fascismos era el régimen de propiedad: mientras que los socialismos ejercían la propiedad estatal de los medios de producción, los fascismos permitían la propiedad privada de los mismos, pero con un férreo control estatal, muchas veces corrupto, como puede apreciarse en la película “La lista de Schindler”. Esta diferencia, sin embargo, ha desaparecido en la única nación exitosa, al menos en cuanto su estatus como potencia mundial, gobernada por un Partido Comunista. Desde 1978, Deng Xiao Ping permitió la existencia de la propiedad privada y esta se ha potenciado hasta hoy. De esta forma, la única gran diferencia que había entre fascismo y socialismo real desapareció junto con el propio socialismo real, ya que, pese a ser gobernada por un Partido Comunista, China ya no puede ser considerada como una nación socialista o que aspire al comunismo irrealizable. En cambio, cosas como el crédito social, la dosificación de los videojuegos, el combate al afeminamiento masculino (contrastando con las izquierdas occidentales que hablan de masculinidad tóxica) y la última prohibición de ejercer a cualquier tipo de tutor privado que no esté controlado por el Estado acercan a China mucho más a un totalitarismo fascista.

Fernando Villegas alguna vez comentaba que no veríamos surgir nuevamente un comunismo al estilo soviético, en lo cual tenía razón, sin embargo, sí podemos ver surgir una forma de totalitarismo más cercana al fascismo chino, que es el verdadero sistema que gobierna ese país, como bien ha notado Sloterdjik.

Aquellos que hoy en día estamos en la derecha, lo hacemos principalmente porque defendemos las ideas de libertad individual y lo que Hannah Arendt llamó la espontaneidad del individuo, que fue precisamente lo que hizo grande a occidente. Las ideas de la libertad fueron plasmadas brillantemente por Jefferson y los demás autores de la declaración de Independencia de los Estados Unidos:

“Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados;”

Un gobierno totalitario no permite que los hombres busquen su propia felicidad, sino que la define, ya que anula toda forma de espontaneidad y libertad e incluso la libertad de decidir aquello que hace a un determinado individuo feliz. Es por ello que estos caballeros se guardaron de definir la felicidad y sólo consagraron su búsqueda como un derecho inalienable, al mismo tiempo que entendieron que estos derechos sólo podían subsistir en un gobierno que incluyera el consentimiento de los gobernados.

Para nosotros, la libertad es el valor supremo y cualquier ideología que no entienda esto es necesariamente fascista y de izquierda, ya que da al Estado demasiado poder sobre los individuos, por lo que no se diferencia demasiado ni de los socialismos reales ni del sistema chino contemporáneo. Ciertamente que hay cosas mas grandes que la libertad, ya que esta es el instrumento para la búsqueda de la felicidad y la trascendencia, sin embargo, ningún sistema político puede definir ninguna de estas dos cosas, ya que en el momento en que lo hace, se transforma en un totalitarismo ajeno a lo que todos los libertadores de las américas consideraron su más alto ideal.

Es por ello que el fascismo no es de extrema derecha, sino que está alineado en el totalitarismo con los socialismos reales y no es su extremo opuesto, sino que su pariente cercano. Por eso es que los únicos fascistas, aparte de quienes se autodenominan como tales, efectivamente son los comunistas.

 

 

 

 

Bibliografía

 

Arendt, Hanna. Los orígenes del totalitarismo, Taurus, 1998, Madrid.

Scruton, Roger. Cita reproducida en distintos lugares sin alusión a la fuente (ND).

Sloterdjik, Peter. “Peter Sloterdijk: “El fascismo de izquierda nunca hizo su duelo” Entrevista por Luisa Conrradini en La Nación https://www.lanacion.com.ar/cultura/peter-sloterdijk-el-fascismo-de-izquierda-nunca-hizo-su-duelo-nid773190/ (2006)

Vidal, César. “Enigmas de la historia” Libertad Digital, https://www.libertaddigital.com/otros/revista/articulos/39570443.htm N