Sexismo y doble standard

El intento de un alcalde de propasarse con una cantante y un ataque lesbofóbico han recibido la condena unánime de todos los sectores y está bien que así sea. Tales cosas son por cierto intolerables y está claro que nada de ello debe ser normalizado. Sin embargo, el ataque contra los hombres permanece impune. Cada vez que algún desafortunado personaje del sexo masculino comete algún tipo mala conducta, ya se trate de un piropo o de un crimen, todos los hombres pueden ser vapuleados por mujeres y sus hombres aliados feministas. Bueno, no todos. Sólo los hombres blancos, heterosexuales y que comen carne.

Incluso en un diario tan prestigioso como el Washington Post, una profesora justifica el odio a los hombres como un derecho, en Argentina, una mujer lesbiana se atreve a decir sin ninguna base que la principal causa de muerte entre las mujeres jóvenes es lapareja heterosexual. Brie Larson, la protagonista de la


No hay demasiadas señales de que este doble standard cambie: la sociedad no percibe a los hombres como víctimas y a un hombre victimizarse no le da el poder que le da a una mujer.

película “Captain Marvel” dice en una conferencia de prensa que no quiere a tantos hombres blancos comentando su película, pero se desdice cuando se da cuenta de que la gran mayoría de los asistentes a las películas de Marvel son precisamente hombres blancos y le ordenan controlar los daños de sus declaraciones previas; sólo el criterio del mercado pudo frenarlaUn masivo comercial de Gillette pinta a los hombres y a los niños como salvajes y, aunque muchas voces dicen protestan, la corriente principal no dice nada. El hecho de que haya desde criminales hasta tipos que piropean basta para condenar a todo el género masculino porque, claro, las mujeres son perfectas y entre ellas no existe la perfidia.

En Chile, Natalia Valdebenito dice que a los hombres hay que explicarles el feminismo en Arjona (“El feminismo es verbo no sustantivo”) o en cetáceo, pero la exégesis de esto último se me escapa. Ante los hechos mencionados más arriba, afirma en un tuit que “todos van a caer” y sólo más tarde en el hilo aclara que se refiere a todos los abusadores y no a todos los hombres, después de nuevas burlas de tener que hablar en cetáceo o en Arjona. En uno de sus especiales de Netflix, lamenta no ser lesbiana porque las mujeres son simplemente mejores. Pero esto no es sexismo, según la moda. Reírse de los hombres como colectivo es políticamente correcto y cualquier hombre que se atreva a protestar por ello es un machista sin remedio. Si esta rebeldía está de moda, entonces ya no es rebelde. La mayoría de los hombres se calla, pero al mismo tiempo se aleja. Se aleja de las mujeres en el trabajo y hace de esto un instructivo en Wall Street, un instructivo que dice como conclusión, “evite a las mujeres a toda costa en la era del #MeToo”. Esto incluye evitar su contratación y evitar entrenarlas personalmente por temor a denuncias falsas. Este mismo instructivo apareció nuevamente en el Foro de Davos como un problema para el avance profesional de las mujeres. Tal vez sea tarde y ningún hombre esté dispuesto a correr el riesgo, no uno que tenga demasiado que perder, es decir un líder.

No hay demasiadas señales de que este doble standard cambie: la sociedad no percibe a los hombres como víctimas y a un hombre victimizarse no le da el poder que le da a una mujer. Mejor evitar los problemas, controlar los daños y poner resguardos, aunque esto signifique el renacimiento de los clubes de Toby.

Publicado originalmente en El Quinto Poder